Hacía mucho tiempo que quería escribir este post sobre mi camino a Santiago. Tardé bastante en escribirlo para intentar transmitirte lo que sentí. Este es uno de estos posts en que es mejor que te pongas cómoda y te prepares un té.

Junio de 2015

Son las 6 de la mañana cuando me despierto  en la cama de una de tantas literas que hay en el albergue. Es algo extraño para mí, no estoy acostumbrada a dormir con tanta gente en una misma habitación, pero tampoco es algo que me afecte para nada. No me noto cansada, ya que ayer pasé todo el día en tren para llegar a Sarria, lugar donde voy a empezar el tan esperado Camino de Santiago.

Uno de muchos carteles que te puedes ir encontrando a lo largo del camino

Estoy expectante, tanto tiempo oír hablar a otros peregrinos sobre hacer el Camino de Santiago, y ahora soy yo la que estoy a punto de empezarlo. Ayer, durante el trayecto en tren de Barcelona a Sarria, tuve muchas horas para pensar y me pregunté si realmente engancha y es tan emocionante como dicen, si será duro o si podré terminarlo.

No sé si la gente se pregunta lo mismo la primera vez que hace un recorrido por el camino, pero al menos eran mis dudas. Como veis, llena de dudas, pero no quería que me preocuparan demasiado.

Salgo del albergue con mi mochila no muy cargada de 50L en la espalda, es la primera vez que  experimento el ir con mochila y todavía no domino mucho ese tema pero, aun así, creo que no me pasé con el peso de ésta.

Me quedan las cinco últimas etapas del Camino por delante, unos 117 kilómetros aproximadamente y calculo que unos 5 días de caminata hasta llegar a Santiago de Compostela.

Salgo del Albergue de Sarria y empiezo a caminar rumbo a Portomarín. No se escucha nada a esa hora de la mañana, sólo mis pasos yendo hacia el principio de esta etapa. Empiezo a ver la belleza del paisaje del norte, naturaleza y campos verdes me acompañan en el viaje.

Mi cara de buena mañana al empezar a andar…

Noto que empiezo a cambiar bastante el tipo de pensamientos que tengo y muchos de los que tenía habitualmente, se esfuman para dar paso a otros, algo más profundos, o incluso cosas en las que no me había parado a pensar de mi vida, es como si analizara cada momento de mi vida y en cosas que nunca me había parado a pensar. ¿Será este el “efecto” del camino de Santiago o sigo con mis mismos pensamientos de siempre?

En cualquier caso, la cuestión es que tengo en mente cosas y aspectos de mi vida que, hasta el momento, no me había parado nunca a pensar.

Una ermita con mucho encanto que te puedes encontrar en el Camino

Hacia al mediodía, llego a Portomarín, un pueblecito muy agradable y al que tenía ya ganas de ver al final de los poco más de 22 kilómetros andando. Estoy agotada físicamente. Primera etapa superada. Estoy contenta de mi misma, aunque mis pies y piernas ya no dan más, he conseguido finalizar esta primera etapa. Noto que mi cuerpo no está preparado ni acostumbrado a caminar tantas horas al día.

El albergue, lleno de peregrinos, veo algunos con dolores en piernas y rodillas, e incluso algunos con bastantes ampollas en los pies. Qué novata soy- pienso-.

Me lanzo literalmente a la cama del albergue, estoy que no doy más y entro en un sueño profundo, de aquellos que desapareces por completo del mapa. Horas más tarde, me levanto para comer algo, mis tripas no dejaban de sonar y al levantarme veo bastante gente en el albergue. Se respira un aire de hospitalidad y de compañerismo. Me siento cómoda.

Como algo y me voy directa a la cama de nuevo, nunca había tenido un cansancio tan fuerte como el que siento hoy e mi cuerpo.

Uno de los tramos del camino…

A la mañana siguiente, me levanto bastante renovada, el sueño se me fue muy rápido y encaré bien el camino y la etapa hasta llegar a Palas de Rei. Hoy noto que desconecto bastante durante el camino e incluso me doy cuenta de que durante espacios de tiempo prolongados tengo la mente en blanco, no pienso en nada. Hacía tiempo no lo conseguía.

La belleza del paisaje me fascina, veo ríos, montañas, atravieso pueblos muy pequeñitos, campos, vacas, puentes, perros que a veces me acompañan en la ruta durante unos minutos y, de vez en cuando, escucho a mi lado la voz de un peregrino decir: “¡buen camino!” mientras pasa justo por mi lado y todo eso sin dejar de seguir la flecha amarilla que indica el Camino a Santiago.

La Cruz de Hierro, que se halla en el camino, marcando el punto más alto del camino (unos 1500 msnm)

Me doy cuenta que estas pequeñas cosas me dan felicidad y sigo con mi paso por el camino con una sonrisa en la cara, quizá hacía tiempo que no andaba sola con una sonrisa dibujada sin motivo más grande que un saludo de otra persona al caminar. Mi reacción me da que pensar, esto no me pasa cuando voy estresada de casa al trabajo o al súper, al gimnasio u otro sitio.

Empiezo a darme cuenta que no estoy “solo caminando”, si no que estoy experimentando algo más, pero creo que todavía no soy consciente de ello.

¡Llego a Palas de Rei! No me noto tan cansada, puedo llegar al albergue y entablar conversación con otros peregrinos sin que se me cierren los ojos. Hay gente de todas partes del mundo y de todas las edades. Parejas, amigos, familias, mujeres solas, hombres solos, gente en bici e incluso perritos con sus dueños. Cada uno con su paso y su ritmo y casi todos ayudados por un bastón de trekking.

Sigo mi camino en dirección Arzúa (es lo que marcan las flechas amarillas del camino) y de Arzúa a O Pedrouzo. Estos dos últimos días me encuentro gente de todo tipo en el camino, cada uno con un motivo diferente para hacerlo, cada uno con una historia personal también muy diferente y con vidas y orígenes diferentes, pero por alguna “casualidad”- vamos a decirlo así- estamos todos aquí caminando con un único objetivo: llegar a la plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela, donde finalizará nuestro camino aquí.

Siguiendo las diferentes flechas que marcan el camino con su característica concha

Parece que mi cuerpo se ha acostumbrado a andar tantos kilómetros al día, aunque también tengo que decir que muchos días así, tendría que también parar en algún momento.

Mañana me queda la última etapa, unos 20 kilómetros aproximadamente. Qué emoción tengo, si todo va bien, llegaré hoy a Santiago. Tengo ganas de llegar sabiendo que estoy tan cerquita.

Me levanto por la mañana muy animada, recojo todas mis cosas y me pongo la mochila en la espalda, ¡hoy llegaré a Santiago!, estoy contenta.

Al bajar del Monte do Gozo, ya me acelero un poco más, y en un ratito veo el cartel en la entrada de la ciudad: “Santiago de Compostela” -¡ay que ya no me queda nada!- pienso. Pero ando y ando y no veo ni noto el ir y venir de una ciudad en movimiento.

¿Me habré equivocado? Pero sigo viendo las flechas del camino, así que voy por buen camino, pero… ¿no he llegado ya? Pues, para mi asombro, tardo una hora más de camino hasta llegar al centro. Por Dios, qué nervios, y yo pensando que ya había llegado.

En el centro ya se ve mucho movimiento, y peregrinos que se van juntando para llegar a la Catedral de Santiago, fin del camino. Ando entre las calles y, de golpe, veo las puntas de las torres de la Catedral. Me detengo a mirarlas. ¡Qué bonitas! Me sale una sonrisa en medio de mi cansancio y cada vez estoy más cerca.

Un grupo de peregrinos Ingleses me ven y se juntan conmigo. Uno de ellos me sujeta la mochila por detrás y me dice: “¡come on!, you already arrive”. Supongo que vería mi cara de cansancio y mis ganas de llegar.

De pronto estoy bajando por una calle y escucho unas gaitas sonando, ¡que ilusión!, ¿estaré ya a punto de llegar a la famosa plaza? .

Paso por debajo de un puente y veo una plaza enorme, desvío mi mirada a la izquierda y allí está: la famosa Catedral de Santiago de Compostela, la que con tantas ganas pensé.

Me paro y me quedo callada. Dejo la mochila en el suelo sin quitarle la mirada, me siento en el suelo y ¡me noto tan aliviada! Qué bonita es la catedral, es distinta a todas la que vi anteriormente. Me gusta mucho.

Mi cara de cansancio y a la vez felicidad a mi llegada a la Plaza del Obradoiro, junto a la catedral.

Me gusta el ambiente, ver peregrinos que llegan de muy lejos y otros como yo que vienen de más cerca, gente que se reencuentra, amigos que celebran su llegada.

En el ambiente se respira un clima muy agradable de orgullo y superación personal. El reto terminó, y tengo una sensación de felicidad y orgullo conmigo misma. Pude hacer algo que nunca imaginé antes.

Hacer el Camino de Santiago, es una experiencia que no se puede expresar con palabras. Cada peregrino lo hace por un motivo distinto (incluso hay que sin un motivo claro pero igual lo hacen) por lo que cada aprendizaje del camino es distinto a cada persona y a cada situación.

Durante los días posteriores, me di cuenta que, durante el camino, pasaron muchas cosas por mi mente y aprendí muchas cosas de mi misma que en el momento no me di cuenta. Fui asentando dentro de mi toda aquella experiencia y noté que hubo un cambio en mí.

Cambió totalmente mi percepción de lo que era hacer “El camino” y cuando alguien me pregunta, es difícil explicar qué pasa allí y por lo que he dicho antes, cada persona está en una situación distinta por lo tanto, no todo el mundo va a sentir la misma experiencia.

Lo más importante no es llegar, si no disfrutar del camino a tu destino.

Anímate a hacer el Camino de Santiago, da igual si vas sola o acompañada, la cuestión es hacerlo. Hay varios caminos como el Camino Francés (parte del que yo hice) y se puede empezar por muchos puntos de la península, como por ejemplo, empezar el Camino de Santiago des de Oviedo, Sarria, Logroño, Burgos, León, etc. o incluso des de otros puntos fuera del país.

Puedes organizarte para hacer el camino por tu cuenta o también hay la opción de hacerlo a través de una agencia especializada como Santiago Ways, ¡esto ya depende de ti! Pero sobre todo, respeta la cultura del peregrinaje, el entorno que te rodea a cada momento y la espiritualidad del camino.

 

¡Buen Camino!, como se dice al cruzarse con otro peregrino en el camino.

 

¿Y tu, has hecho el Camino de Santiago?

¿Algún consejo, anécdota o experiencia que quieras contarme? ¡Ayúdame a compartirlo si te gustó!


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Farners Martin

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